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    GOLPE DE CALOR PREVENIRLO Y TRATARLO
    El cuerpo nos avisa cuando el calor está alterando su funcionamiento. Pero a veces no somos conscientes de ello o no sabemos interpretar las señales que envía.

    GETTY/ SHUTTERSTOCK

    Cada año, en verano, se repite la misma noticia: una persona expuesta al sol fallece por exceso de calor. De hecho, entre 20 y 40 personas mueren así cada año. Y eso es solo una parte del problema.

    Mayor mortalidad. La canícula de verano descompensa a muchos pacientes con enfermedades renales, hepáticas, respiratorias o cardíacas, o simplemente ancianas, y su salud se ve comprometida. La ola de calor de 2003 en España, por ejemplo, se estima que causó un exceso de mortalidad de 6.500 personas.

    EL CUERPO AL LÍMITE

    Falla la disipación. El golpe de calor ocurre cuando nos exponemos excesivamente al calor y el cuerpo se ve incapaz de disiparlo. En esos casos, debemos acudir inmediatamente al hospital o llamar al servicio de urgencias. Pero antes de que se produzca hay síntomas (véase el recuadro de la derecha) que nos avisan de esta situación tan peligrosa.

    Órganos en peligro. El golpe de calor no solo puede producir la muerte, sino que puede lesionar órganos vitales, especialmente el cerebro. Esto es debido a que, en el golpe de calor, se produce un edema o retención de líquido que, en exceso, puede tener graves consecuencias orgánicas.

    CAUSAS HABITUALES

    Calor excesivo. La causa principal, desde luego, es el aumento de la temperatura ambiente. Según un estudio publicado por ISGlobal, un grado más de la temperatura máxima incrementa la mortalidad un 3,3%.

    Humedad. La humedad ambiente también influye, y mucho, porque a mayor humedad mayor dificultad tiene el cuerpo para transpirar y sudar evaporando el calor sobrante.

    Ejercicio. Si se combina la exposición al calor con el ejercicio, aún producimos más calorías dentro del organismo y agravamos el problema.

    Deshidratación. Reduce la capacidad de transpiración del organismo; si no hay líquido suficiente sencillamente no se puede sudar.

    Alcohol. Algún loco piensa que tomando una copita mejorará el problema y es exactamente lo contrario: ni alcohol ni bebidas azucaradas son aconsejables en este caso.

    Población en riesgo. Los niños y las personas mayores tienen una capacidad de refrescar el cuerpo más limitada; de hecho, los ancianos pueden no tener calor y estar deshidratándose. Por eso conviene tener especial cuidado con estos dos colectivos.

    Medicaciones. Fármacos como los betabloqueantes (para la hipertensión), diuréticos, antialérgicos, medicamentos psiquiátricos y, desde luego, drogas ilegales como las anfetaminas o la cocaína pueden agravar o inducir un golpe de calor.

    Obesidad. La grasa es, en realidad, una protección frente al frío, y su exceso reduce la capacidad de refresco del organismo y facilita por tanto los golpes de calor.