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    En la tierra de los gigantes
    Los enormes corporativos de EE.UU. están usando como ventaja su posición para hacerse aún más grandes. ¿Por qué los competidores, trabajadores y consumidores deberían estar preocupados?
    (GETTY IMAGES)

    ES BIEN SABIDO QUE EN ESTADOS UNIDOS en las últimas décadas, el botín del crecimiento económico de la nación ha sido desproporcionado hacia los más ricos. Sin embargo, existe un fenómeno similar entre las corporaciones estadounidenses. Cada vez más de sus ingresos colectivos se concentran en un número relativamente pequeño de grandes firmas: los gigantes corporativos.

    El año pasado, las 500 corporaciones más grandes de EE.UU. (Fortune 500) registraron un récord de US$13.7 trillion en ingresos, una cifra equivalente a más de dos tercios de la economía de este país. Del monto total, el 47.7% pertenecían a las 50 firmas más importantes de la lista, frente al 46.9% del año pasado, 43.7% hace 15 años y 41% en 1995.

    Es bastante probable que el próximo año representen una mitad sólida, dadas las recientes novedades en esta tierra de gigantes: CVS Health, la cadena de farmacias (No. 8 este año), a fines del año pasado adquirió Aetna , que como una de las aseguradoras más grandes de EE.UU. se ubicó en el puesto No. 49 en Fortune 500 en 2018.

    Mientras tanto, AT&T (No.9) se comió a Time Warner, un bocado de US$31,300 millones de la industria del entretenimiento (HBO, Turner Broadcasting, Warner Bros.) que se ubicó en el No.98 el año pasado. Y Marathon Petroleum (No.31) pasó por encima de Andeavor, una refinería petrolera de Fortune 100.

    ¿Esta es la evolución natural de una economía en la que la innovación y la visión para los negocios son debidamente recompensadas? ¿O hay más fuerzas preocupantes en marcha?

    Los economistas citan varias razones sobre esta concentración –en donde las industrias están dominadas por unas cuantas grandes firmas–, y están de acuerdo en que el fenómeno va en aumento. (No es necesario que un economista se dé cuenta: tu Rite Aid ahora es un Walgreens; ya no vuelas más por US Air o Continental; compras casi todo, incluyendo tus alimentos de Whole Foods, desde Amazon).

    “Está claro que las concentraciones han escalado hasta llegar a nivel nacional”, dice James Bessen, un economista de la Universidad de Boston, cuya investigación ha analizado por qué el nivel más alto de compañías está adelantándose del resto de las empresas. Bessen destaca el rol de las tecnologías de la información. Las firmas que han invertido más en software propio (por cierto, a menudo las organizaciones más grandes) se han convertido en claras ganadoras de la economía actual, experimentando ganancias en productividad, ventas y fuerza laboral, asegura.

    Fiona Scott Morton, profesora de economía en Yale y quien trabajó en la división antimonopolio del Departamento de Justicia, se enfoca en el papel de los datos que, según ella, “tienen un efecto de concentración natural”. Las empresas ricas en datos pueden lograr economías de escala a bajo costo y obtener mayores beneficios del feeback e impactos de la red. Cuantos más datos tengas, tu producto se convertirá en el mejor y más atractivo para tus clientes, explica.

    A medida que la tecnología y los datos han cambiado la economía, ella y otros argumentan que la aplicación de la ley antimonopolio, que puede haber bloqueado las fusiones de grandes jugadores y haber ayudado a estimular la innovación en el pasado, prácticamente ha desaparecido. “Hemos estado caminando hacia atrás al menos 40 años, al mismo tiempo que ha habido este salto hacia adelante”.

    Mientras tanto, las prácticas anticompetitivas que protegen la posición de las firmas más grandes han proliferado, agrega Herbert Hovenkamp, profesor de derecho y experto en defensa de la competencia de la Universidad de Pennsylvania. Señala la conducta de grandes compañías que obligan a los empleados a acuerdos no competitivos, que suprimen efectivamente los salarios al dificultar que incluso los trabajadores de base cambien de empleo. También subraya la tendencia de las Big Tech a comprar competidores potenciales tan pronto como se presenten: como Amazon adquirió a Quidsi, la matriz de Diapers. com, en 2010. “Estas startups son absorbidas antes de consolidarse por sí mismas como competidores vibrantes”.

    ¿Deberíamos preocuparnos por todo esto? Los expertos advierten que hay costos significativos para una economía sumamente densa, donde la mayor parte de los recursos financieros se concentran en las arcas de unos pocos: menor producción, precios más altos, opciones reducidas e innovación sofocada. Además, ese poder económico a menudo se traduce en poder político que puede permitir a los líderes consolidarse aún más.

    El hecho de que los gigantes corporativos más grandes sigan creciendo ha llamado la atención, lo que ha inspirado un floreciente movimiento antimonopolio. Gran parte de la atención se centra en las Big Tech; todos, desde Elizabeth Warren hasta el cofundador de Facebook, Chris Hughes, han pedido la escisión de Facebook este año.

    Pero este capítulo tampoco podría cerrarse en CVS: en abril, meses después de que el gobierno aprobara su fusión con Aetna, un juez federal dictaminó que quería escuchar a los grupos que se opusieron. “Esto es una cuestión de gran importancia para muchas personas”, dijo.