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    AMOR DE MADRE
    Coincidiendo con la inauguración en Escocia de la primera gran retrospectiva de la fotografía de LINDA MCCARTNEY, sus hijas Mary y Stella recuerdan los retratos íntimos que irradian la sentida calidez y alegría de su familia.

    Junto, fotografía de su hija, Stella, Sussex, 1981.

    Autorretrato de Linda McCartney, Linda, Scotland, 1975.

    On Horseback, Scotland, 1986.

    Escocia no se parecía a ningún lugar donde hubiese vivido», dijo una vez Linda McCartney. «Era la tierra más bella que te puedes imaginar, justo donde se acababa el mundo».

    Parece oportuno, por tanto, que la primera gran retrospectiva de la obra de la fotógrafa en el Reino Unido tenga lugar en la Kelvingrove Art Gallery and Museum. «Escocia siempre ocupó un lugar importante en el corazón de mi madre, era donde podía pasear a caballo y soñar despierta y disfrutar de la naturaleza», cuenta Mary McCartney, que ha comisariado la exposición junto a su padre, Paul McCartney, y su hermana Stella. Tributo a una esposa y madre adorada que falleció demasiado pronto (Linda falleció de cáncer de pecho en 1998, con tan solo 56 años), la muestra ilumina también la extraordinaria amplitud de su obra artística. En una auténtica tarea de amor, la familia ha pasado años revisando el archivo de Linda buscando obras que resaltasen su polivalencia: paisajes atmosféricos, dulces viñetas de la vida cotidiana y los retratos de las leyendas de la música por las que es quizás más conocida.

    Fue, sin duda, su habilidad para sentirse cómoda en el glamuroso aunque excéntrico mundo del rock’n’roll lo que le dio a la que por entonces se llamaba Linda Eastman su primera oportunidad en 1966. Era recepcionista en la revista Town & Country, y la invitaron a una fiesta que daban los Rolling Stones en un yate, donde su encanto hizo que los componentes de la banda posasen para ella en una serie de cautivadores retratos. «Esa tarde cambió mi vida», declaró con posterioridad la fotógrafa, ya que no solo la llevó a conocer a su futuro esposo, Paul McCartney, sino que lanzó también su carrera fotográfica. Ocho años después, se convirtió en la primera persona que protagonizó una portada de Rolling Stone tras haber fotografiado con anterioridad una portada de la misma (con su maravillosa imagen de Eric Clapton en 1968).

    Con todo lo seductores que son sus retratos de músicos mostrando el aspecto íntimo de un estilo de vida cosmopolita y excitante, son las escenas de vida familiar en su remoto retiro rural de High Park Farm cerca del promontorio de Cantyre las que ofrecen un atisbo del alma de Linda. Para Stella estas fotografías muestran a su madre en plena felicidad, lejos de la vorágine de la fama y las riquezas. «Tienen una inocencia real, representan la idea de que no hay nada mejor en la vida que la familia y la naturaleza y que todo lo demás no es más que confusión y ruido», afirma la diseñadora.

    fotografía de Paul McCartney, Linda, Mary and Lucky, Scotland, 1971.

    La aparente espontaneidad de estas imágenes, llenas de energía, movimiento y sentimientos, ocultan lo complejo de su composición. En una foto en concreto tomada durante unas vacaciones en Jamaica, Mary y Stella aparecen apretadas dentro de la misma camiseta, en sus rostros, una encantadora mezcla de confusión y júbilo; en otra, Paul levanta un brazo por encima de su cabeza sujetando a Mary con el otro, mientras que Heather, la primera hija de Linda, se sube a la verja sobre la que están sentados en su granja escocesa. «Para mí esta foto representa la alegría absoluta capturada en una sola imagen –asegura Mary–. Es una gran narrativa, todos estamos relajados y disfrutando del momento».

    En estas imágenes prima la interacción humana,pero otras obras de la artista celebran el placer de disfrutar a solas del paisaje. «Creo que mi madre anhelaba la simplicidad y el silencio –reflexiona Stella pensativa–. En sus imágenes de la naturaleza muestra una dignidad auténtica, y también un poco de orgullo. Hasta los objetos hechos por el hombre parecen tener un espacio y un hogar; una carretera que serpentea por una colina tiene su propia personalidad y su propio viaje emocional». En lo más salvaje de la Escocia rural, tal vez recordando los espacios amplios y abiertos de la Arizona donde creció, Linda pareció encontrar su sitio, especialmente en compañía de los animales que adoraba. «Sentía una fuerte conexión con su caballo, era casi como un amigo del alma o una profunda amistad irremplazable –comenta Stella–. Fíjate en la icónica imagen del campo de margaritas. Era un océano de margaritas que ninguna persona por muy experta en jardinería que fuese podría lograr;era un momento de alegría que llegaba cada año, salvaje y orgánico, y su caballo situado majestuosamente de pie en medio de las flores».

    No es ninguna coincidencia que las fotografías de Mary tengan a menudo una temática equina; su libro de 2018 The White Horse rendía homenaje a la belleza de su semental de raza andaluza, al que mostraba galopando por la campiña de Sussex. Mary agradece a su madre que la imbuyese de una poderosa pasión por la equitación y que la motivara a seguir su vocación artística desde pequeña. «Uno de mis primeros recuerdos de la infancia es de cuando tenía 5 años y mi madre me llevó a su cuarto oscuro en Soho –rememora–. Puso un papel en blanco en la solución de revelado y a medida que lo sacudía iba apareciendo una imagen en blanco y negro. Era algo realmente mágico».

    fotografías de Linda McCartney, Mary on Horseback, Scotland, 1971

    Lucky Spot in Daisy Field, Sussex, 1985.

    Water, Self Portrait, Arizona, 1996

    Mary and Stella, Jamaica, 1975

    Paul, Stella and James, Scotland, 1982

    Paul, Mary and Heather, Scotland, 1970

    Pese a que la carrera de Stella se haya dirigido hacia la moda en vez de la fotografía, ve en su madre a un modelo a seguir para las mujeres creativas en cualquier campo. «Trabajaba para sí misma, y creo que puedes notarlo en sus imágenes –afirma–.Cuando tomaba sus fotografías retrataba un momento íntimo que era único, y no buscaba la aprobación de nadie.Tienen una claridad absoluta». Este verano los que visiten el Museo Kelvingrove podrán compartir alguno de esos encuentros privados y embarcarse en un viaje virtual e intensamente emocional a través de las dehesas, brumas y montañas del promontorio de Cantyre.

    The Linda McCartney Retrospective. Kelvingrove Art Gallery and Museum, Glasgow (glasgowlife.org.uk). Del 5 de julio al 12 de enero de 2020.

    Stella, Arizona, 1992, por Linda McCartney.