Son pequeñas, casi diminutas. Caben en la yema de un dedo. Su cuerpo, un palillo de madera o un hilo de alambre doblado, está envuelto en hebras de algodón y restos de telas de colores intensos que evocan los tejidos mayas. La cabeza, una pequeña bolita de hilo, apenas sugiere un rostro; a veces dos puntadas negras bastan para señalar los ojos. Vestidas con ropas tradicionales, cada atuendo es distinto. Algunas de ellas llevan trenzas de hilo, otras sólo un nudo que insinúa el pelo. Son frágiles, ligeras, fáciles de perder, pero también sorprendentemente resistentes, hechas para que quepan en un bolsillo, en una cajita, bajo una almohada. Más que juguetes, son, en realidad, guardianas silenciosas y atentas.
Las llaman muñecas quitapenas, o quitapesares, y, según la cultura maya, cuando…