Hubo una época, no tan lejana, en la que bastaba su mirada para encender el conflicto. En los años 2000, la presencia de Sabine Moussier era sinónimo de intriga, de lágrimas ajenas, de finales tensos. Era la villana perfecta: elegante, implacable, sofisticada y, al mismo tiempo, peligrosamente humana.
Sus personajes podían hacerle la vida imposible a protagonistas como Adela Noriega, Angelique Boyer, Mayrín Villanueva, Jacqueline Bracamontes, Susana González y Victoria Ruffo, convirtiéndose en el motor dramático de historias que marcaron a toda una generación. Pero hoy, esa presencia que parecía imprescindible en la televisión abierta, guarda silencio desde hace tres años cuando hizo Perdona nuestros pecados.
“SER VILLANA ME HA DADO LAS MEJORES SATISFACCIONES”
“¿Por qué no te han llamado para hacer telenovelas?”, le preguntamos en exclusiva durante la grabación…