Hablamos con él a mediados de marzo, el día en el que el Reino Unido decide confinar a su población en casa, mientras desmantela su estudio en Londres, “algo que me produce mucha angustia”, me confiesa por teléfono. El artista Antony Gormley (Londres, 1950), el de las esculturas públicas, el del cuerpo humano (muchas veces el suyo) capturado en moldes de hierro, metal o arcilla, inauguraba esa semana exposición en la sala parisina Thaddaeus Ropac, una muestra que todavía puede verse online. Cuenta que las galerías son test, experimentos en los que prueba lo que después lleva a playas (Another place), azoteas (Event Horizon) y a la naturaleza (Angel of the North), en magníficos tótems que parchean el paisaje de su país, pero también de Brasil, Hong Kong o Nueva…