Hay ediciones que se leen como un mapa. No porque intenten abarcarlo todo, sino porque conectan puntos que, en apariencia, no se tocan: paisaje, oficio, memoria, deseo. En este número, el territorio marca el ritmo. La tierra, su altura, su humedad, su historia, aparece como una fuerza silenciosa que ordena la experiencia.
El recorrido comienza atravesando la espina dorsal de Colorado, donde el viejo Oeste resuena entre carreteras escénicas, lagos y glaciares; sigue hacia Mongolia, una extensión abierta, donde la tradición nómada todavía define una forma de vida, y aterriza en las Galápagos, ese archipiélago donde la naturaleza impone su propio compás. En Asia, Nepal despliega la transición radical desde la selva y ciudades antiguas hasta las cumbres más altas del planeta, mientras al sur de Europa, Eslovenia condensa muchos…