un hater del internet
Cómo el odio se convirtió en una noche de pasión (furiosa) para Nisha*.

Para la siguiente ronda trajo shots… y al final estábamos –¡oh, sorpresa!– en un taxi con destino a su departamento. Era algo inevitable...

el internet puede sacar lo peor de las personas. Lo viví en carne propia hace un año cuando un hater comenzó a seguirme después de la final de mi reality show favorito. Yo era fanática de una de las parejas y él no. Esto le pareció razón suficiente para comentar en mi cuenta de Instagram, aun cuando el programa ya había terminado. Al principio eran comentarios en mis selfies como: “No puedo creer que te atrevas a mostrar tu cara después de haber votado por ellos”, pero algunos eran mucho más agresivos que otros. Me dijo que estaba “llenita”, o comentaba que necesitaba pintarme las raíces del pelo y una vez escribió: “Me asombra que sepas leer”, cuando publiqué una foto del libro que disfrutaba en el momento.

Llegué al punto en que me asustaba ver mis notificaciones: mi estómago temblaba si leía una de él. Mis amigos pensaban que estaba loca por no bloquearlo, pero decidí ignorar su existencia, hasta poco después, cuando subí la foto de unos boletos que había conseguido de un pequeño concierto, y me puso algo bastante normal y cotidiano: “No sabía que eras fan”, contándome que él tenía un boleto para el mismo show. “Es sorprendente lo que puedes aprender de alguien una vez que llegas a conocerlo”, le respondí rápidamente.

Cuando le dio like a mi comentario, decidí meterme a su perfil. Mi mandíbula se cayó al suelo de la sorpresa. Con su pelo rubio platinado y ojos azules encantadores, era guapísimo. Inmediatamente le di follow. En el concierto, comencé a buscarlo por todos lados. Durante el intermedio, la multitud se separó y vi a alguien de melena platinada en la barra y le toqué el hombro. “¡¿Eres tú?!”, me gritó, colocando su mano en la boca, ya que no podía creerlo.

“La única e incomparable”, le dije sarcásticamente. “Te ves increíble”, acotó de inmediato mientras veía mi cuerpo y mi escote. “Mira, sí eres capaz de decir cosas lindas”, le respondí.

Repentinamente puso una mirada de arrepentido y se disculpó por todos los comentarios, luego me pidió un drink y empezamos a platicar, curiosamente ya en persona su sarcasmo era muy sexy. Comencé a pensar que tal vez él había estado coqueteando conmigo todo este tiempo, tal vez yo había tomado sus mensajes demasiado en serio. Para la siguiente ronda, trajo shots… y al final estábamos –¡oh, sorpresa– en un taxi con destino a su departamento. Era algo inevitable.

En cuanto atravesamos la puerta de su hogar ya estaba intentando quitarme la blusa y accidentalmente le arrancó un botón. Decidí buscar mi venganza y de modo literal le rasgué su camisa, que se veía bastante cara.

“¡Oye!”, me gritó. “¡Esto me costó un mes de salario!”. Empujándome hacia su cama me quitó la tanga y comenzó a lamerme. Justo cuando estaba a punto de llegar al clímax, se puso encima de mí, sin embargo, tercamente lo acosté y comencé a montarlo.

Sin ser capaces de coincidir en algo, reclamó su autoridad volteándome boca abajo y penetrándome por detrás. Momentos más tarde, los dos nos venimos al mismo tiempo. A la mañana siguiente, lo dejé dormido mientras recogía mi ropa del piso de su habitación y me fui sin siquiera preguntarle su nombre.

Eso no importó mucho. Sabía que no quería volver a saber de él. Y creo que mi acto de magia para desaparecer seguramente afectó su seguridad porque nunca más volvió a comentar una de mis fotos.

*Los nombres han sido cambiados.

FOTOGRAFÍA: GETTY IMAGES. TRADUCCIÓN: ITZCÓATL YEDRA HERNÁNDEZ.

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