HOGAR, DULCE HOGAR
PUEDE QUE LA DECISIÓN SOBRE EL CONSUMO DE UNA PERSONA NO CAMBIE EL MUNDO, PERO SIRVE DE EJEMPLO PARA QUE MUCHAS OTRAS PUEDAN CAMBIAR.

Mucha gente piensa que los grandes cambios hacia la transición energética y los esfuerzos para proteger el medio ambiente tienen que venir de la mano de las instituciones públicas y de las grandes empresas, pero hay muchas pequeñas acciones que podemos llevar a cabo de manera individual. Cada persona y cada hogar toman al cabo del año miles de decisiones que pueden suponer un consumo más responsable y contribuir, o no, a cuidar del planeta. A la hora de formar un hogar sostenible tenemos que empezar desde la base y tener en cuenta la construcción, el aislamiento, y la elección de materiales que van a formar parte del edificio. Después habrá que considerar el acondicionamiento, la calefacción, refrigeración, iluminación y la elección de los electrodomésticos y los muebles. Y por último, el uso que hagamos de todas estas cosas mediante el consumo de energía. De hecho, cerca del 20% de la demanda de energía del país procede de los hogares, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).

Pablo Carranza es director de BIONM, un estudio de arquitectura sostenible, especializado en diseños Passivhaus que permiten ahorrar hasta un 90% de energía en comparación con la construcción convencional. Para que un hogar sea más sostenible y responsable con el medio ambiente da tres pautas. “En primer lugar, debemos tomar medidas para reducir al mínimo las demandas de energía, porque la mejor energía es la que no se consume. Para ello será necesario intervenir sobre la envolvente del edificio en general, incrementar sus niveles de aislamiento y mejorar las prestaciones de todos sus componentes. En segundo lugar, tenemos que conseguir que la poca energía que tengamos que suministrar se realice de la manera más eficiente posible. Para ello habrá que intervenir en las instalaciones e incorporar equipos eficientes de alto rendimiento en combinación con fuentes de energía renovables. Por último, tendremos que cambiar nuestros hábitos. En el ámbito del hogar se genera una gran demanda de recursos, como agua o productos envasados, que conllevan gran cantidad de residuos que se pueden reciclar, pero dependerá de nuestra organización, concienciación y voluntad el hacerlo”.

Edificios sostenibles

A largo plazo, “reducir de manera extrema la demanda de energía, tomando como referencia el estándar Passivhaus, por ejemplo, permitirá obtener edificios mucho más flexibles para un futuro contexto donde toda la energía proceda de fuentes renovables”. Además, continúa Pablo Carranza, “esto implicará una disminución del consumo de energía del edificio”, con la consiguiente reducción de las emisiones de CO2 asociadas a este ahorro de energía, así como “una disminución de los costes de mantenimiento y de las facturas energéticas y, por último, acabar con la dependencia de los combustibles fósiles”.

En el futuro, lo deseable sería que los hogares tuvieran “un balance positivo de energía”, al reducir el consumo, aumentar la eficiencia de los electrodomésticos e incorporar fuentes de energías renovables en los propios edificios. Así, el usuario pasaría de ser un simple consumidor de energía a un prosumidor (productor y consumidor de energía a la vez).

Retos de la construcción

EN EL FUTURO, LO DESEABLE SERÍA QUE LOS HOGARES TUVIERAN “UN BALANCE POSITIVO DE ENERGÍA”

La dificultad más grande a la que nos enfrentamos para conseguir unos edificios más sostenibles comienza en la fase de la edificación, que causa el 15% de las emisiones de CO2. “Este dato en edificación se refiere únicamente a su fase de uso, no a la de edificación”, explica Carranza, y destaca que ha habido modificaciones recientes en la normativa, como la aprobación del código técnico de la edificación, que ha definido un modelo de edificio de consumo de energía casi nulo o nZEB (nearly Zero EnergyBuilding), que es de obligado cumplimiento en España y el resto de países miembros de la UE. “Estas regulaciones inciden en gran medida en la reducción de las emisiones de CO2 asociadas a la fase de uso. Sin embargo, el sector de la edificación puede llegar a representar más de un 40% de las emisiones si computamos también las generadas en la fase de construcción”. Por tanto, si consideramos la situación de emergencia climática en la que nos encontramos, el reto actual estaría “en conseguir reducir la huella de carbono asociada a todo el ciclo de vida de la edificación”, puntualiza el directivo. Para ello, será necesario “transformar por completo una industria muy inmovilista, fragmentada en empresas y en procesos, y favorecer entornos de trabajo más colaborativos e integrales que permitan diseñar y construir edificios basándose en los principios de la economía circular”.

Un hogar con vistas

Una vez construido el edificio, hay que asegurarse de que el interior de nuestro hogar también esté decorado de manera ecológica y sostenible. No sería coherente vivir en un lugar que fuera sostenible por fuera, pero no por dentro. Laura Laviña es cofundadora del estudio de interiorismo Diseño Interior Bruto en el que aplican un “método de decoración responsable”, con el que intentan minimizar el impacto medioambiental al ejecutar sus proyectos. “A medida que la sociedad va demandando productos y servicios más sostenibles, cada vez son más las empresas relacionadas con la decoración, fabricación de muebles, materiales, objetos decorativos y textiles que se suman a implementar soluciones más respetuosas con el medio ambiente”, explica Laviña.

Otras formas de colaborar en este sentido implican “tratar de frenar la compra de muebles por impulso, decantarnos por piezas duraderas y versátiles, dar una segunda vida a los muebles que ya tenemos o que tienen nuestros conocidos y apostar por comprar en empresas que cuenten con políticas medioambientales y sociales”. En cuanto al textil, Laura Laviña sugiere “apostar por tejidos naturales y orgánicos, y en el caso de los sintéticos, adquirirlos sólo si proceden de materiales reciclados. Además de decorar, algunos tejidos, como alfombras y cortinas, son estupendos aislantes térmicos y acústicos, así que es interesante tenerlos en cuenta para sacarle el máximo partido posible a su uso”.

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Forbes España - Junio 2020

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Junio 2020