UN ANIMAL SALVAJE
Asier Etxeandia es un artista liberado, una condición que le ha llevado a firmar varios de los proyectos más vibrantes de los últimos meses.

Caftán a rayas

DOLCE & CAOBANA

En ETA, el final del silencio (documental dirigido en 2019 por Jon Sistiaga; disponible en Movistar+), Iñaki García Arrizabalaga, profesor universitario y víctima de ETA, pregunta a un grupo de alumnos que deben rondar los 20 años si saben quién fue Miguel Ángel Blanco. A varios les suena el nombre pero no terminan de identificarle del todo; otros muchos no han oído hablar de él en la vida. Teniendo en cuenta el bofetón que le dio a la sociedad española el asesinato del joven edil del Partido Popular en Ermua, resulta chocante, incluso frustrante, que las nuevas generaciones crezcan ajenas a un suceso que es historia (demasiado) reciente de España. Asier Gómez Etxeandia nació en Bilbao en 1975. Allí vivió hasta los 25 años, cuando se estableció en Madrid. Conoce de cerca, por tanto, los años de plomo de ETA. Los secuestros, los coches bomba, las ejecuciones cobardes bajo la lluvia. El horror y el pavor.

"Los 80 y 90 fueron años muy grises en Bilbao. Había miedo de opinar, de hablar, de manifestarse. Por fortuna, yo me dejé llevar por la escena punk y sociocultural de la ciudad, que tenía un punto subversivo que impactaba en la música, en el teatro y en el arte. A mí la política no me interesaba nada, aunque sí tenía amigos que estaban muy afectados por todo lo que nos rodeaba", nos cuenta Asier días antes del estreno (el 17 de abril, también en Movistar+) de La línea invisible, una miniserie dirigida por Mariano Barroso que hace foco en el origen del monstruo; es decir, en los años previos al primer asesi- nato de ETA, el del joven guardia civil gallego José Pardines, quien fue ejecutado por Txabi Etxebarrieta durante un control de tráfico. En la serie, Asier da vida a El inglés, un personaje ficticio que es en realidad un reflejo de Julen Madariaga, uno de los fundadores de la banda (en 1958, diez años antes del asesinato de Pardines). "Mi personaje contrasta con la idea que se tiene de los miembros de ETA. Es una persona de buena familia, elegante, erudito, viajado. Un tipo con mucha conciencia social y política de la situación represiva en Euskadi durante el Franquismo. El inglés funciona como contrapunto; detrás de los comandos había gente con dinero que no se quería ensuciar las manos, que reclutaba a chicos jóvenes dispuestos a luchar por causas que en un principio no tenían por qué ser las suyas. La línea invisible nos muestra cómo y dónde nació un movimiento que en un principio podía parecer necesario. A mi madre quisieron llevarla a prisión con 14 años por llevar una pulsera con la ikurriña. El euskera estaba absolutamente demonizado. Y un idioma, si no se habla, se pierde. En ese contexto nació ETA. Después, todo se les fue de las manos y nos condujeron a un infierno terrible lleno de malas decisiones. Antes no se podía contar. Mira loque le pasó a Julio Medem con La pelota vasca, que le quisieron hundir por hablar sin posicionarse. Ahora ha pasado el tiempo suficiente como para reflexionar con amplitud de miras. Y debemos hacerlo: la ficción ayuda a recordar, a no caer en el error del olvido".

“Esta profesión es un trabajo en equipo. Si ves los prove ctos como oportunidades personales, estás perdido. E n este oficio estam os todos ¡untos”

La serie parece querer aprovechar el buen momento de Asier. Por un lado, se estrena casi en paralelo a la agradable resaca que ha dejado en la vida del actor Dolor y gloria, cinta en la que Etxean-dia juega un papel clave (de hecho, Asier fue nominado al Goya en la categoría de Mejor interpretación de reparto); por otro, también bebe del éxito de Mastodonte, un proyecto a cuatro manos entre Asier y Enrico Barbaro que mezcla música, danza y performance y que cobró vida en 2018 a través de un disco tan deslumbrante como heterodoxo: "Un artista no sólo baila o actúa, sino que también busca remover. Queremos transformar a la gente. Y para conseguirlo tenemos que usar todas las herramientas de las que disponemos, ya sean la música, el vestuario o un texto que vaya directamente al corazón".

El actor y músico vasco vive, por tanto, días de vino y rosas: "Me siento muy privilegiado. Estoy cumpliendo los sueños que me he propuesto, como trabajar con personas a las que siempre he admirado como son Barroso o Pedro Almodóvar. Pero no me da tiempo a ser muy consciente porque trabajo mucho. Y cuando trabajas mucho no paran de surgir quebraderos de cabeza y problemas porque tienes que estar a la altura. Darle al director lo que quiere de ti, dignificar su guion y su punto de vista. Si piensas que estás rodando con Pedro, no vas a poder centrarte. Llevo muchos años de carrera para no ver esta profesión como lo que es: un trabajo en equipo. Si ves los proyectos como oportunidades personales, estás perdido. En este oficio estamos todos juntos".

Por si fuera poco, a quien aquí nos ocupa le espera otro proyecto que tiene mimbres para convertirse en un pelotazo. Hablamos de Sky Rojo, la nueva serie que Álex Pina, creador de La casa de papel, está preparando para Netflix: "Estoy fascinado. Todas las escenas te llevan al límite. Tres prostitutas en búsqueda y captura. Y una sed de venganza que loensucia todo. Yo soy el proxeneta mayor, el Leonardo Da Vinci de la prostitución; un tipo imperioso, un iluminado y un grandísimo hijo de Satán con mucho carisma. Es un personaje fascinante en una serie valiente: hay sexo y violencia explícita, un lenguaje entre lo soez y lo poético; acción, humor y dolor al margen de lo políticamente correcto, que es algo que los guionistas se están pasando por el forro". Teniendo en cuenta quién firma el proyecto (Pina y Netflix), ¿estará preparado Asier para la fama que Sky Rojo le pueda reportar? "No es algo en lo que piense. Después de Velvet, viajé a República Dominicana y allí me trataban como si fuera el mismísimo Mick Jagger. La gente corría detrás de mí para conocerme. Y yo me decía a mí mismo: 'Joder, soy famoso y no tengo un duro porque me lo estoy dejando todo en Mastodonte. Qué raro, ¿no?'. Es alucinante, pero no lo pienso. Mi trabajo es bestial porque también te expone ante personas a las que tú no conoces, lo cual conlleva mucha carga emocional. No quiero sonar presuntuoso, pero creo que si me dejo llevar por la fama me estaría desviando de mi objetivo, que es conmover. Porque un artista no busca ser una estrella, o no debería; un artista sólo debe tener un fin: reventar la sociedad".

Read full issue

GQ España - Abril 2020

Ver la revista

Abril 2020