¿Quién decide qué es bello?
MUJERES: UN SIGLO DE CAMBIOS

Una foto de los múltiples rostros de Barbie, tomada en el centro de diseño que la compañía de juguetes tiene en Los Ángeles, muestra cómo la muñeca se ha adaptado para ser más diversa e inclusiva. «A diario nos inunda el imaginario de la belleza», afirma Hannah Reyes Morales, fotógrafa del artículo de este mes afincada en Manila. Pero, añade, cada vez más los movimientos globales «buscan redefinir el concepto de belleza».

CUANDO ERA JOVEN, mis amigas y yo considerábamos que ser guapa era tener todo aquello de lo que yo carecía: buena estatura, melena rubia y lisa, ojos azules. Queríamos parecernos a Peggy Lipton, la protagonista de la serie de televisión Patrulla juvenil. O a una Barbie sesentera, con su coleta rubia y su figura absurdamente inalcanzable. Pero el espejo se empecinaba en demostrarme todos los días que yo, como tantas otras, no me acercaba ni de lejos a ese ideal.

Así lo expresa Robin Givhan en «Redefinir la belleza», su artículo de este mes: «Durante generaciones, para ser hermosa había que conjugar una complexión esbelta con un busto generoso y una cintura estrecha. La barbilla debía ser definida; los pómulos, altos y marcados. La nariz, angulosa. Los labios, carnosos, pero no tanto que llamasen la atención. Los ojos, idealmente azules o verdes, debían ser grandes y brillantes. El cabello, una melena larga y abundante, preferiblemente dorada. La simetría era algo deseable. La juventud, imprescindible».

Cuando National Geographic decidió dedicar 2020 a analizar la situación de las mujeres en el mundo, debatimos si abordar o no el tema de la belleza. ¿Sería superficial, caeríamos en tópicos? Al final, concluimos que la serie quedaría incompleta si no tratábamos el papel desproporcionado que la belleza desempeña en la vida de las mujeres.

No hay país ni cultura donde no se perciba y evalúe a las mujeres en función de su aspecto físico. Las redes sociales abundan en esa presión, con el body shaming –criticar a alguien por su cuerpo– y los ideales divulgados desde Instagram a golpe de filtro. Y eso por no entrar en la omnipresencia de la cirugía estética.

Con todo, los estándares de belleza de la humanidad están perdiendo rigidez; para muestra, la foto de arriba, que no por inquietante deja de ser ilustrativa. La Barbie clónica del baby boom ha desaparecido, sustituida por una amplísima variedad que pueden apreciar muchas más niñas que antes: tonos de piel, ojos y pelo de todo tipo; narices, labios y siluetas para todos los gustos.

«Avanzamos hacia una cultura de la belleza de amplio espectro en la que todo el mundo tiene cabida», escribe Givhan. Eso aún está lejos de ser una realidad. Pero yo, que soy de la misma quinta que Barbie –ambas nacimos en 1959–, me maravillo ante los avances logrados.

Givhan lo dice con acierto: «La nueva visión de la belleza nos reta a declarar que alguien a quien no conocemos es una persona bella. Nos obliga a creer de entrada lo mejor de las personas. […] La belleza moderna no nos pide que entremos a debatir sin emitir juicios de valor. Simplemente nos pide que dialoguemos dando por hecho que todos los presentes tienen derecho a participar».

Gracias por leer National Geographic.

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National Geographic - España - Febrero 2020

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Febrero 2020