En boca de TODOS
Las firmas independientes de moda españolas se suman al esfuerzo sanitario cambiando su producción habitual por la de batas y mascarillas, estas últimas abocadas a convertirse en un accesorio demandado.

Algo intuía Quique Vidal, el jovencísimo fundador de la marca Becomely. Antes de cerrar su taller para lo que parecía un periodo corto de tiempo, tuvo la corazonada de llevarse a casa la impresora 3D con la que crea sus joyas de plástico biodegradable. En nada, ya le estaba dando un nuevo uso a la máquina, para crear pantallas de PVC. Unidas a las viseras que hacían otros socios de la asociación Coronavirusmakers, fabricaron máscaras de protección que enviaron a residencias de mayores y centros de salud.

En cuanto estalló la actual crisis de la COVID-19, el sector de la moda española se transformó. Las grandes empresas –como Inditex, El Corte Inglés o Mango– han hecho cuantiosas aportaciones en ayudas, logística y equipamiento. Pero también las compañías pequeñas e independientes han querido contribuir a su escala. Las cortadoras que normalmente hacen trajes de novia (y, ocasionalmente, ropa para Beyoncé) en la firma Yolancris pasaron a fabricar batas de alta protección, Palomo Spain cedió batas a las residencias de Córdoba, Angel Schlesser y Purificación García se pusieron a producir protectores para sanitarios. Todo aprendido sobre la marcha y con los equipos desperdigados. «Nosotros empezamos ya en la primera semana del confinamiento. Vi un vídeo de un sanitario de Getafe enseñando a sus compañeros cómo hacerse una bata con una bolsa de plástico y pensé que no podía ser. Hicimos un llamamiento en redes y empecé a recibir ofertas de gente que podía ceder el tejido adecuado que tiene que ser impermeable, antivírico. Las mercerías nos donaron elástico…», cuenta Vicky Martín Berrocal, que también varió la confección de su marca, Victoria, centrada en los vestidos de novia y ceremonia.

Por lo general, las empresas se volcaron en el esfuerzo sanitario de manera altruista y dependiendo de donaciones de dinero y material. Pero para muchas, que firmaron contratos con la Seguridad Social, fue una manera de evitar el ERTE y mantenerse a flote. «Así pudimos conservar el empleo a tiempo completo a nueve personas», explica Yolanda Pérez, de Yolancris. «Te sirve para cubrir gastos y pagar el alquiler». Su marca, doblemente afectada por la cancelación de casi todas las bodas en 2020, ha llegado a producir 3.500 batas homologadas al día. También Estudios Durero, una empresa vasca de dirección de arte que produce carteles y elementos gráficos para Adidas o Ikea, consiguió sacar del ERTE a 40 de sus 90 empleados fabricando batas sanitarias y pantallas de protección facial para hospitales. «Estamos muy orgullosos de contribuir a cuidar a nuestros sanitarios lo primero, pero también por haber reconducido nuestro negocio», resume el director general de la empresa, Ander Soriano. En su caso, sufragan la operación con contribuciones de entidades como BBK o la Fundación Alicia Koplowitz.

Dado que las mascarillas faciales van a ser un accesorio necesario durante meses, según las recomendaciones dela OMS, aquel que las pasarelas nunca pudieron prever, es de esperar que las marcas de moda empiecen a producirlas en todo tipo de estampados, como ya ocurre desde hace años en Asia. La firma de Los Ángeles Matrushka fue una de las primeras en hacerlas y venderlas por diez dólares, bastante más baratas que la de encaje de Maison Modulare, que se convirtió en abril en la primera mascarilla it, y cuyo coste ronda los 60 euros. También la firma neoyorquina Collina Strada ha producido una versión deluxe de la mascarilla no médica, en seda y atada con grandes lazos en lugar de elásticos. La comercializan por más de 90 euros. A cambio, ofrecen en su web un tutorial para que cualquiera elabore una en casa, y envían mascarillas más sencillas de regalo con cualquier otra compra online. Un ejemplo de la incomodidad moral que genera hacer negocio con este objeto. De hecho, las grandes firmas de lujo siguen siendo cautas a la hora de lanzar sus modelos o, directamente, lo han evitado por completo. «Llegará un momento en que lo harán –vaticinó Vanessa Friedman en The New York Times–, simplemente porque habrá demanda. Pero es difícil evitar la sensación de que los diseñadores están explotando el miedo nacido de una pandemia para su propio beneficio». Friedman, además, apunta a lo dudoso que resulta aprovechar «oportunidades capitalistas que emergen del trauma», pero muchas marcas, que están sufriendo su peor momento en décadas, puede que solo vean un accesorio fácil de producir con el que cubrir una pequeña parte de sus grandes pérdidas

FOTOS: JO SUNG HEUM / GETTY IMAGES, GORUNWAY

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Vogue España - Junio 2020

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Junio 2020