Pintar a SANGRE
El encuentro con la obra de FEDERICO GARCÍA LORCA ha generado un antes y un después en la obra de la pintora LITA CABELLUT, una de las artistas españolas más cotizada del panorama artístico actual.
Lita Cabellut posa en uno de los espacios de su casa con el tomo que le dedica Artika y su obra de fondo.

Probablemente, ni la propia Lita Cabellut sospechaba hasta qué punto este trabajo, un encargo, iba a sacudir su obra. La editorial Artika le planteó hacer una lectura de Bodas de sangre de Federico García Lorca para un libro de artista. Y, de entrada, se encontró con un problema de tamaño. «Tenía que trabajar con un formato como de 74x45, muy pequeño para mí. Las brochas con las que trabajo son tan grandes como mis manos, y de repente vi que tenía que pintar con un pincel que era como una pestaña. Fue un reto entrar en el mundo de la miniatura, del boceto. Y, al cambiar el gesto, cambió todo mi enfoque».

La artista (Sariñena, Huesca, 1961) cree que cualquiera podrá ver en su obra un antes y un después de su encuentro con el poeta andaluz. «Ha sido un proyecto fascinante, pero también desgarrador. Lorca es mucho Lorca. Lo que representa en Bodas de sangre –escrita en 1931– es una crítica a la represión de la mujer, a lo que supone no tener educación. La pobreza embrutece hasta llevar a la bestialidad. Y de toda esa mélange sale un hilo rojo que es la pasión, el amor y la belleza». El libro tendrá 1.998 ejemplares con 31 dibujos. Aunque, en realidad, Cabellut creó hasta 90 obras inspiradas en el crimen de Níjar, germen de Lorca para su obra. El 24 de julio de 1928 Francisca Cañadas tenía que casarse en ese pueblo de Almería con su novio, Casimiro Pérez, pero huyó a lomos de una mula con su primo, Francisco Montes. Tras ser descubiertos, él fue asesinado a tiros mientras que ella logró sobrevivir a un intento de estrangulamiento haciéndose la muerta. Francisca vivió 60 años más en el pueblo, pero jamás fue exonerada de su entonces delito adúltero. En torno a ello, Cabellut ha creado dos series: Los rostros y Los rastros. Los primeros son obras figurativas, mientras que los últimos están creados a partir de rodillos de pintor. «Lorca es concreto pero fugaz, es lluvia pero también es niebla», explica la artista, que se halla en plena transformación de su método de trabajo. «Necesito contacto físico con los lienzos, abrazarlos, recogerlos y después de todo ese abrazo con el lienzo, construir una nueva figura es muy emocionante».

Las primeras noticias que llegaron sobre Cabellut a los medios generalistas, hace cosa de tres años, dejaron al panorama artístico desconcertado. Una artista que vendía cuadros más caros que los de Miquel Barceló o las esculturas de Jaume Plensa –según foros expertos– y que contaba que era gitana, hija de la gerente de un prostíbulo, pidiendo en la calle desde niña hasta que una familia rica la adoptó y le dio formación en pintura en escuelas holandesas. Un flechazo íntimamente ligado a su infancia, ya que fue su madre adoptiva quien la llevó a visitar el Prado con 12 años y generó un síndrome de Stendhal de por vida cuando su mirada se plantó en Las tres gracias de Rubens, según recuerda Cabellut.

la lámina Amor, que se vende junto al libro.

Desde entonces, la historia de Cabellut sigue envuelta en algunas brumas en algunos aspecto de su biografía. Aún así, el país en que nació (y que cambió a los 19 por una residencia en La Haya) ha podido conocer mucho mejor su obra. En 2017 tuvo una amplia retrospectiva en la Fundació Vila Casas de Barcelona y el año pasado colocó sus pinturas frente a las del artista que más le ha influido, Goya, en el museo zaragozano que lleva el nombre del pintor. «Estamos consiguiendo que la gente se olvide de ‘Lita, la niña de la calle’ y está pesando más mi parte actual. El público se deja entretener con algo macabro, de espectáculo, más que con algo profundo y bello», comenta. En ese plano, cree que le pasa como a su admirada Frida Kahlo, cuya vida ha suscitado siempre tanto –o más– interés que su obra. «Se la recuerda más como una especie de Juana de Arco, pero como artista es inmensa. Ella es el ejemplo absoluto. Todo lo que hacía tenía que ver con su ideología. Uno no es artista de 9 a 7 y luego se va a casa. Con un artista de verdad no hay diferencia entre lo que hace en el estudio y lo que hace fuera».

Como ha contado varias veces, su vida cambió el día que entró en el Prado, con 13 años, se plantó ante Las tres gracias de Rubens y dijo: «Yo también quiero hacer eso». «Aprendí a pintar antes que a leer y escribir. De no ser por ese día, mi vida hubiera sido muy distinta», añade. Ahora, a los 58 muchas veces se pone 60. «De la prisa que tengo por hacerme mayor. Les digo a mis amigos: ‘¿Esto es envejecer? ¡Cómo me gusta!’. A partir de los 50, los fantasmas se han encogido, y los pasillos oscuros se han desteñido»

Objeto de coleccionista LORCA HIPERBÓLICO

El libro Bodas de sangre, editado por Artika y lanzado en la última edición de ARCO, cuenta con una tirada limitada de 1.998 ejemplares e interpreta el clásico teatral del poeta granadino inspirado en los hechos sucedidos en julio de 1928 en el Cortijo del Fraile, en Almería.

FOTOS: CORTESÍA DE ARTIKA, D.R.

Read full issue

Vogue España - Marzo 2020

Ver la revista

Marzo 2020