Comida a domicilio: ¿cuánto es demasiado?
¿Lo que gastas en aplicaciones y repartidores te está dejando en números rojos? Laura Tilt quiere ayudarte a resolver esta situación. Aquí te comparte cómo poner las cosas en orden.

El dominó de la pizza.

La anticipación que precede a la llegada de comida a tu puerta es el equivalente adulto de la víspera de Navidad. El problema es que esta emoción puede llevarnos a gastar más de la cuenta. La comida a domicilio típicamente está llena de grasas y sal, esto debido a que estimulan el apetito. Eso la convierte en una herramienta muy atractiva para las compañías fabricantes, pero también hace que sea baja en vitaminas y minerales. El consumo regular también ha sido asociado con ganancia de peso gracias a la poco saludable mezcla de alta densidad calórica de estos alimentos y nuestra tendencia a subestimar dicha densidad. La simple presencia de un restaurante con servicio a domicilio cerca de tu casa incrementa las probabilidades de que sufras sobrepeso.

Poniendo de lado las calorías, hay otras razones para preocuparse. Los ftalatos (químicos industriales usados para suavizar el plástico) suelen encontrarse en los alimentos y bebidas empacados en recipientes plásticos. En un estudio realizado en Estados Unidos, las personas que consumían una gran cantidad de comida rápida tenían mayores concentraciones urinarias de ftalatos que los no consumidores. Esto es problemático dado que dichas sustancias han sido relacionadas con asma, diabetes tipo 2 y problemas de fertilidad. Sin embargo, en una reseña de 2017, expertos del Reino Unido concluyeron que la exposición a los ftalatos a través de la dieta no era, en sí misma, dañina para la salud, y las regulaciones cada vez más estrictas implican que la presencia de ftalatos va en descenso.

Luego está el glutamato monosódico (MSG), un intensificador del sabor sintético creado con sodio y glutamato, un aminoácido. Al MSG se le ha acusado de provocar síntomas como sudor, palpitaciones y dolor de cabeza, comúnmente conocidos como “síndrome del restaurante chino”. Los estudios no han sido capaces de reproducir este fenómeno y las evidencias científicas dicen que el MSG es seguro para el consumo humano, incluso durante el embarazo. Sin embargo, en 2017, la Unión Europea estableció un “límite diario de consumo aceptable” de 30 mg por kilo de peso corporal, el cual es fácil de exceder si amas la comida condimentada y para llevar.

Así que, ¿cuánto es demasiado? Yo sugeriría que tu máximo sea una vez por semana, pero la respuesta dependerá, por supuesto, de lo que ordenes y de cuánto comas. En muchos casos, resulta imposible saber la cantidad de calorías que tiene cada alimento, así como su contenido de grasas y azúcares, de manera que mantenerte dentro de los parámetros saludables es complicado al pedir comida a domicilio. Lo mejor que puedes hacer, si vas a pedir, es inclinarte por las opciones más saludables. Elige platillos asados, en vez de fritos; pide proteínas magras como pescado, en lugar de carne de res; salsas de tomate o vegetales en vez de salsas cremosas y arroz al vapor, en lugar de frito. Rechaza las guarniciones, a menos que sean vegetales. Mejor aún: prepáralas tú misma. De esa manera, puedes asegurarte de que tu platillo tenga una buena dosis de verde.

Las investigaciones sugieren que comes más cuando te presentan porciones grandes. Evita caer en esta trampa sirviéndote en un plato y guardando el resto en el refrigerador. Ah, y en caso de que te lo preguntes, las reacciones químicas en los alimentos implican que sí, las sobras saben mejor al día siguiente.

LA EXPERTA Laura Tilt, nutrióloga registrada

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Women's Health México - OCTUBRE 2019

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