Hay vistas que uno no se cansa de disfrutar, y la del Parlamento húngaro desde la orilla opuesta del Danubio es una de ellas. Estamos en Budapest, claro, una de las ciudades más bellas de Europa, monumental como pocas y, a la vez, con esa facilidad para ser visitada común a tantas ciudades centroeuropeas; no solo por precio, que también, sino sobre todo por esa predisposición de sus habitantes a compartir el ocio en torno a una cerveza o un plato, en una terraza o una barra de bar, sin poses ni rigidices. Nada como viajar para descubrir que no es una característica exclusiva de los países mediterráneos.
Como muchos lo aprendemos al llegar a la ciudad, no está de más recordarlo: Budapest es el resultado de la unión, en…