Pequeños, con mucho hueso y parca carne, muy fibrosa y con fuerte sabor a resina. Así eran los mangos silvestres hace milenios, antes de que llamaran la atención del ser humano.
Tras muchas generaciones de cuidados, selección natural, cruces, observación y estudio, aquel fruto extraño se ha convertido en la jugosa, abundante, cremosa, dulce y nutritiva fruta que casi todos hemos podido disfrutar, sorprendidos ante tan irresistible exuberancia, golosamente fascinados con su insólito sabor, diferente a lo conocido y difícil de describir.
Su camino hasta nosotros ha sido largo desde las estribaciones del Himalaya y las tierras que rodean el golfo de Bengala; también desde la antigua Ceilán, la lágrima de la India, la tierra de los mil nombres. De allí le viene el nombre de manga, una evolución adoptada…