En 1895, con solo 18 años, Ferenc Nopcsa, barón de Felsö-Szilvas, recibió un particular regalo. Su hermana Ilona le trajo de un paseo por la hacienda familiar en Transilvania unos huesos fósiles. Intrigado, Ferenc consultó al profesor de geología Eduard Suess, quien los identificó como el cráneo de un dinosaurio. Se los devolvió con una escueta consigna: “sigue excavando y estúdialos”.
El joven aristócrata no pudo tomárselo más en serio. Cuatro años después presentaba ante la comunidad científica de Viena una investigación tan exhaustiva como novedosa, comparable a la de cualquier académico de prestigio. En su sistema autodidacta, alimentado por libros y correspondencia con investigadores de primera línea, combinó conocimientos de geología, anatomía, paleontología... Concluyó que su regalo era una nueva especie de dinosaurio herbívoro pico de pato, a la…
