«Hay dos momentos en mi vida que son claves para que yo haga música. El primero es mi padre, enseñándome cuatro acordes con la guitarra. Me provocó algo increíble. Un instrumento que, pisando unas cuerdas, te genera una emoción tan fuerte que pensé: “Esto es lo que quiero provocar en los demás”. Y el segundo está relacionado justo con eso. Una fiesta de pijamas, en una casa de colonias, en quinto de primaria. Tengo grabado un círculo, con todos sentados, y yo tocando la guitarra. Esa experiencia de comunión, de ritual casi, de estar sintiendo a la vez, aunque cada uno lo hiciera a su manera, me pareció mágico. Cuatro acordes, una canción y boom!, creas un momento que, ahora, con 33 años, estoy recordando. Así que, la conexión para…
