Para los amantes de los libros, abril es un mes importante. Una especie de año nuevo, de reinicio, de primavera, donde figuradamente o no, toca abrir ventanas y airear la biblioteca. Leer no es solo leer. Es escuchar el chisporroteo de la leña ardiendo, al abrigo de una manta junto a la chimenea. Es tumbarse a la sombra de un castaño amarillo. Es salir al campo con un puñado de libros y encontrar un asiento de hierba a la orilla del río. Y levantar la vista, regresar del lugar al que nos ha llevado la imaginación, y respirar profundamente.
En casa, dentro de unas semanas, habrá una librería nueva, y espero su llegada como si fuera el nacimiento de un miembro de la familia. Ya está despejado el espacio que…