Enero siempre ha sido algo más que un mes en el calendario. Es un umbral. Un territorio simbólico en el que las sociedades han proyectado, desde la Antigüedad, ideas de renovación, ruptura, promesa y, también, de cálculo político. No es casual que tantos imperios, revoluciones y relatos colectivos hayan elegido el inicio del año para fijar decisiones, proclamas o mitos fundacionales. Este número de CLÍO se asoma precisamente a ese cruce entre tiempo, poder y memoria, con la voluntad de leer el pasado desde el punto exacto en el que todo parece volver a empezar.
La portada de este mes está dedicada al Tratado de Madrid de 1526, un acuerdo firmado en enero que nació condenado a la fragilidad y que, sin embargo, ilumina como pocos la figura de Carlos…