“Yo me crié sin madre y era niña solitaria y rara, aunque no lo sabía”, decía Cayetana “Un día mi padre se detuvo delante del Palacio de Liria, destruido por la guerra, y me hizo prometer que lo reconstruiría. ¡Y claro que lo hice!” Conocí a Cayetana en 1981 en Marbella. Yo estaba como enviada especial de la revista Interviú y la duquesa de Alba era una de las presas más codiciadas. Sí, también existían Gunnilla, y la duquesa de Sevilla, y Pitita, y la Preysler, y Carmen Cervera… ¡pero nadie como ella! Sobre todo, porque no daba entrevistas, no iba a fiestas, no te la encontrabas ni en el Marbella Club ni en Menchu de Puerto Banús. Estaba, pero no la veías, era una presencia siempre anunciada, “vendrá Cayetana”…