El mundo en el que vivimos se caracteriza por la existencia de dos fuerzas diferentes que se complementan. El pensamiento chino las llamó Yin y Yang, considerándolas principios primarios que, en su esencia, se identifican con lo femenino y lo masculino respectivamente. De la interacción de estas energías surge el equilibrio.
Yin simboliza la sensibilidad femenina, la suavidad, la imaginación, la debilidad. Se relaciona con la pasividad, la emotividad, la introversión y el mundo de los sueños. Yang en cambio es la parte masculina, combativa, activa, ambiciosa. Representa la razón, la extroversión y la firmeza. En cada hombre y en cada mujer, podemos encontrar una síntesis más o menos acabada de estos aspectos.
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