Ojalá que me la encuentre a ella entre tantas flores. Ojalá que se llame Amapola-cantaba Robe Iniesta de Extremoduro-, que me coja la mano y me diga que sola, no comprende la vida, no…”.
Mientras escribo este texto de abril florece la primavera, la estación más bonita del año, y a mí se me antoja escribir sobre ella, la Papaver rhoeas, alias amapola. Porque, igual que Robe, la elijo entre todas las flores. Y, quizás, a veces, yo tampoco comprenda la vida. La elijo por encima de las camelias, las gardenias y peonías. La elijo porque es silvestre, frágil, fugazmente sutil. La elijo porque es una flor simbólica que en el Reino Unido homenajea a los caídos en la guerra con el Poppy Day, porque se ha usado para hacer…
