¿Cómo inicias la mañana? Yo puedo contar con mi taza de café. En ese primer sorbo hay algo más que rutina: hay un intento de ordenar lo que siento, de darle un lugar a los pensamientos que se agitan en silencio. Es un gesto pequeño, casi automático, pero profundamente revelador. Porque incluso ahí, en esa pausa íntima, aparece una verdad incómoda: no podemos controlar el mundo que nos rodea. Y cuando parece desmoronarse, solo queda confiar en que sus fragmentos, de alguna forma, encontrarán el camino de regreso. Conocer, entender, observar: todo eso nos construye. Una mente informada es como una flor en crecimiento, cada pétalo una idea, una posibilidad, una forma de interpretar lo que ocurre. Y sin embargo, ese mismo conocimiento nos exige, nos confronta. Por eso es…
