Como un buque encallado, a punto de zarpar en dirección al Mar Negro, huyendo de su propia historia. Es la imagen que suscita Belgrado, encaramada en ese promontorio que domina el abrazo de los ríos Saba y Danubio y permite divisar varios kilómetros de paisaje. Tiene la ciudad una nostalgia marítima, pese a haber nacido junto a un río.
Es Belgrado un enclave privilegiado, sin duda, y también un foco de tragedias: punto de conexión entre oriente y occidente y viceversa, quien transitaba dejaba como recuerdo una ciudad convertida en ruinas. Cuarenta veces fue destruida, cuarenta reconstruida. Es el sino por haber hecho un país en una carretera, tal y como dicen los propios serbios. Primero romana, fue devastada por los hunos, los ávaros, los eslavos, los francos, los húngaros,…