CineCiutat no debería existir y, sin embargo, existe. Nos repetimos este mantra a diario para no acostumbrarnos al milagro que fue abrir un cine durante una crisis económica. En 2012, y después de ocho años de esfuerzo, los cines Renoir Palma apagaron los proyectores dejándonos a nosotros, pobres cinéfilos de a pie, huérfanos de versión original y títulos independientes. Pero como escribió Campanella, una pasión es una pasión y la calle habló alto y sin rodeos. Alrededor de 800 ciudadanos depositaron confianza, dinero y mucha fe para que, en menos de tres meses, se obrara el milagro y naciera CineCiutat, un cine asociativo y sin ánimo de lucro. Un cine que apuesta por la participación y el voluntariado, por la diversidad, la innovación y la experiencia de usuario. Un cine…
